Orientaciones para niños sordo-ciegos

El reto más importante para la familia y los profesores es comunicarse de manera significativa con el niño sordo-ciego. La comunicación continuada fomentará que el niño/a se desarrolle saludablemente.
La comunicación es mucho más que el mero lenguaje. El lenguaje corporal y los gestos, a la vez que signos, palabras habladas, los toques claves, el deletreo con los dedos, etc, conforman el amplio abanico que el niño/a requiere para comunicar sus necesidades, intereses, demandas, inquietudes, gustos, etc.

Las persones sordociegas pueden utilizar diferentes sistemas de comunicación:

Sistemas alfabéticos:

Dactilológicos.

Sistemas de letras Mayúsculas.
Tablillas.
Braille.
Máquinas de escribir en vista tinta o en braille.

Sistemas no alfabéticos (signos o símbolos):

La lengua de signos.
Símbolos.
Labiolectura. Tadoma.

Las estrategias iniciales que se deben utilizar se basan en:

– Utilizar rutinas diarias constantes. Las rutinas deben tener un principio y un final claro.
– Se le deben ofrecer pausa. Se deberá respetar el ritmo y las respuestas del niño ante lo que aparezca próximo a él/ella.
– Avisar al niño/a para que sepa lo que va a ocurrir a su alrededor, más aún si hay algún cambio, modificación o alteración diaria.
– También, se les pueden dar opciones, alternativas, siempre respetando su motivación. No sobrecargarlos de objetos.

– Posibilitar la experimentación a través de todos los sentidos, lo máximo que se pueda. Utilizar todos los “bancos o recursos sensoriales”.

– Crearles espacios claramente definidos para que explore y se mueva con tranquilidad.

– Motivarlo a que el niño/a elija sus objetos de juego, sus ropas, los alimentos que le agradan, etc.

– Sacar provecho de las circunstancias, situaciones, que ocurran en su entorno inmediato. Ofrecerle seguridad, autoestima y confianza para que pueda aprender con el menor número de temores posibles.

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